Yo estaba mal de salud pero aún no había acudido a ningún psiquiatra. Un día en casa de mis padres me metí en cama y vi un camino lleno de lobos. Al frente de ellos estaba el más valiente, el más agresivo, el más fuerte, yo me acerqué pero intentó morderme. Al final nos abrazamos y lloramos juntos, entonces sentí que salía por un tunel muy estrecho y tuve la impresión de que estaba colgado por los pies y empapado en un líquido especial. Acababa de nacer.
Esto no se lo conté a nadie porque creí que era normal tener esa alucinación. El lobo estuvo conmigo cinco meses, antes de irse por un camino. Me apoyaba en todo, cogía con sus dientes mi mano cuando estaba mal... Con él a mi lado aprobé la oposición.
Un tiempo después de marcharse el lobo, empecé a tener la impresión de tener una serpiente en la cabeza que me impedía pensar, me comía las neuronas. Otra en las manos, que me impedía ser hábil y otra en los pies que me impedía caminar con soltura y tranquilidad.
Escuchaba voces que me decían que acabarían conmigo, que me destruirían, que este era mi final... Luego vino el psiquiatra, ingresos, medicación, etc.
Hoy estoy mejor, gracias a Dios.
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